Una de las estructuras de comunicación política que suele tener resultados contraproducentes es la que George Lakoff popularizó con su libro No pienses en un elefante, sobre las negaciones en política.

Cuando niegas una cosa, la tendencia es pensar en esa cosa y, en general a centrarte en ella y si es una conducta, a promoverla, aunque no sea tu intención.

George Lakoff, lo explica en su libro No pienses en un elefante:

«Cuando enseño el estudio del cambio de marco, en Berkeley, en el primer curso de Ciencia Cognitiva, lo primero que hago es darles a los estudiantes un ejercicio. El ejercicio es: «No piensas en un elefante. Hagas el que hagas, no pienses en un elefante». No he encontrado todavía un estudiante capaz de hacerlo. Toda palabra, como elefante, evoca un marco, que puede ser una imagen o bien otro tipo de conocimiento: los elefantes son grandes, tienen unas orejas que cuelgan, y una trompa; se los asocia con el circo, etc. La palabra se define en relación con ese marco. Cuando negamos un marco, evocamos el marco.
Richard Nixon lo descubrió por la vía dura. Presionado para que dimitiera durante el escándalo del Watergate, se dirigió al país a través de la televisión.
Se presentó ante los ciudadanos y dijo: «No soy un chorizo.» Y todo el mundo pensó que lo era».

Vamos a ver un ejemplo de un cartel del ayuntamiento de València.

Hace unas semanas, cuando el Gobierno autorizó a pasear a partir de las 8 de la tarde, gente que vivía cerca de la huerta de València salía a pasear por los caminos de los campos. Algunos tenían conductas inaceptables como soltar los perros por los campos echando a perder las plantas o entrar en los campos a hurtar la verdura. En una actuación rapidísima, pusieron carteles por la huerta para avisar a los paseantes de las conductas reprobables.

Mi sorpresa es que la mayoría de las pautas descritas en el cartel estaban en términos de lo que NO se tiene que hacer, no de lo que SÍ se tiene que hacer. Cosa que tiene influencia en la conducta de la gente.

El cartel del ayuntamiento empieza bien con un título en términos del que se quiere conseguir: «Cuidemos y respetemos la huerta». Y el final también está bueno. «El trabajo de las agricultoras y agricultores es fundamental e imprescindible para todos y todas. No te olvidas de protegerlo y respetarlo.»

Ahora cuando da las pautas que quiere promover el ayuntamiento, la cosa cambia por que todas están expresadas en términos de las conductas reprobables, no de las conductas que quiere promover.

Más abajo pongo el original del cartel en la primera columna y en la segunda una propuesta en positivo que creo que funcionaría mejor, haciendo que la gente que pasea cumpliría mucho más las pautas propuestas.

No está permitido en toda la huerta En la huerta es necesario
Llevar los animales sueltos y no recoger los excrementos de los animales. Llevar los animales ligados y recoger sus excrementos.
Entrar en los campos. Salirse de caminos o sendas de herradura. Quedarse dentro de los caminos y sendas.
Coger frutas, verduras o cualquier material, sin el permiso explícito y por escrito del propietario. Las frutas y verduras son de sus propietarios. Solo con el permiso por escritos pueden llevarse.
El depósito de cualquier tipo de vertidos no relacionados con la explotación agrícola. La basura que se pueda producir, hay que depositarlo en una papelera o contenedor.

En general los mensajes que estén aprobando el tipo de conducta que quieres promover tienen más éxito que los mensajes de las conductas que quieres desaprobar.

Mi hipótesis es que si se hubiese puesto en positivo, tal como propongo, las conducta antisociales hubiesen disminuido más y más rápido que con el cartel original.

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